La fascinación con Trump y Putin en el Puerto Rico de Bad Bunny
| La ruta de Esdrelón / Eric N Alvarez © 2026.01.02. Todos los derechos reservados |
Perturba y ofende por innumerables razones, el culto a la personalidad que algunas personas han adoptado frente a las figuras en Donald Trump y Vladimir Putin, ambos autoritarios, ambos contrarios a los derechos individuales, y al derecho a la libre expresión en particular, ambos narcisistas malignos, y ambos reaccionarios, Así lo demuestran algunas expresiones públicas a través de la radio o de la prensa escrita en Puerto Rico, una isla en el mar Caribe, mejor conocida en el presente por ser el lugar de origen del fenómeno espectacular llamado Bad Bunny.
Las expresiones de estas personas demuestran las graves carencias de los extremos ideológicos de la clase política en Puerto Rico, a los cuales me he referido en diferentes lugares y en mi espacio Bifurcaciones y Conexiones.
En uno de los artículos publicados en la prensa no solo se produce la adulación servil a la figura de Donald Trump, sino que se distorsionan sucesos muy recientes cuyo desarrollo futuro está por verse, como lo son los casos de Venezuela e Irán, así como la situación que plantea al presente las negociaciones a punta de pistola de Trump con representantes de la clase política de Cuba.
En ninguno de estos tres escenarios se puede afirmar responsablemente que ha concluido proceso político alguno. En todo caso el futuro de las aspiraciones democráticas de los pueblos de estos países padece de un pronóstico sumamente reservado. Las intenciones de Trump no están guiadas por proyecto democrático alguno. En cuanto a ello basta repasar su expediente como presidente de Estados Unidos. Trump actúa guiado estrictamente por sus intereses personales en el plano político y económico.
En Venezuela el Estado ha pasado a ser un instrumento de Trump, en Irán no hay una estrategia definida que no sea proteger los intereses genocidas de Benjamín Netanyahu, y en Cuba las negociaciones en curso no están dirigidas necesariamente al establecimiento de un Estado democrático sino a garantizarle beneficios a Trump y sus frentes corporativos. La discusión amplia y en detalle de cada caso —por ahora— está fuera del alcance de este breve ensayo.
Sin embargo, no debe ser objeto de duda alguna el hecho de que estamos ante la repartición del planeta entre las grandes potencias militares y autoritarias del inicio del segundo cuarto del siglo 21, saltándose a la torera el derecho internacional y la soberanía de los pueblos, mediante la utilización como excusa el rechazo general a los regímenes dictatoriales basados en el nacionalismo populista, y en el extremismo islámico.
Se trata aquí de procesos donde las apariencias son el instrumento del engaño dirigido a arrebatarle derechos e intereses económicos a pueblos que han sufrido las consecuencias de sus propias dictaduras por largos años. En la ejecución de su proyecto expansionista, Trump, Putin y Netanyahu, han incurrido abiertamente en un patrón de crueldad psicopática, que nace del narcisismo maligno que caracteriza a cada uno de ellos.
No es un juego de poker lo que se le plantea al planeta. Los actos de estos sujetos y los intereses a los que responden afectan a millones de seres humanos de manera directa e indirecta en el mundo. Así ha quedado demostrado en Gaza, Ucrania, Irán y en el propio Estados Unidos como producto de las políticas trumpistas contra sus ciudadanos y los inmigrantes, independientemente de la legitimidad de su presencia en este país. El saldo de las ejecutorias de estos personajes es revelador de la maldad que encarnan.
Más de 70 mil civiles muertos en Gaza por el ejército de Netanyahu, (vea reportajes en The Guardian y Al Jazeera); cerca de 53,006 civiles ucranianos muertos, calculados solamente hasta octubre de 2025, como producto de las ambiciones expansionistas de Putin (UN News); por su parte, Donald Trump ha promovido la intimidación y el terror no solo contra inmigrantes ilegales o legales, sino contra los propios ciudadanos americanos, y ha promovido la persecución de funcionarios y voces públicas que se oponen a los actos de su administración, además de iniciar una guerra sin estrategia ni mecanismos concretos que impidan que las etnias que componen la población de Irán continúen sometidos a un régimen autocrático de una dinastía corrupta, independientemente de las doctrinas religiosas en las que se ampare.
El simplismo de los defensores de Trump nos ofende a todos no solo por cínico, sino por ser partícipe del bullying que lo caracteriza. Más aún, debe observarse que el énfasis en la difusión de la idea del tough negotiator forma parte, del encubrimiento de una historia aún más turbia y de la cual Trump es uno de los personajes principales.
El caso de la red de pedofilia, abuso y maltrato de menores, explotación de mujeres mediante la prostitución, y de narcotráfico, organizada tras la figura de Jeffrey Epstein, y en la que participó activamente Donald Trump, no será borrado de la historia por columnistas en medios de prensa.
Es de suponer que este presunto CEO de la política usó efectivamente sus habilidades perversas en este inocente y pulcro business, así como en los diversos fraudes y conspiraciones criminales en los que utilizó las leyes federales de quiebra para evadir a los múltiples acreedores tras sus ególatras proyectos de real estate development.
Por otro lado, los crímenes de Putin no dejarán de serlo, ni serán borrados de la historia, no importa cuantas expresiones demagógicas en medios radiales puedan llevar a cabo sus voceros ideológicos.
El autoritarismo y sus manifestaciones neofascistas es un mal político a ser combatido con el mismo compromiso adoptado ante el nazismo por distintas fuerzas políticas dejando a un lado sus diferencias que, ante aquella encrucijada, tenían una importancia secundaria.
En todo caso, los trumpistas y putinistas boricuas son expresiones de visiones esencialmente estancadas en el pasado —lo cual he señalado anteriormente a raíz de la participación de Bad Bunny en el Super Bowl— y definitivamente contrarias a los principios democráticos. Estos elementos funcionan como lo harían agentes a sueldo con la misión de combatir el pensamiento democrático. Al término de la jornada no son más que otro ejemplo vergonzoso de la irrelevancia y mediocridad de la clase política isleña.
Eric N Alvarez /
(c) 2026.03.10
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